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La caída de Afganistán después de 20 años de intervención.

La desesperación y el miedo por la toma del control de Kabul, capital afgana, por parte del grupo insurgente talibán, llevó a miles de locales a buscar salir del país en los últimos aviones de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

Foto: Sargento Samuel Ruiz, Folleto vía Reuters.


Después de dos décadas de permanencia en territorio afgano, el ejército norteamericano retiro totalmente sus tropas, como efecto del acuerdo firmado en 2020 por Donald Trump en el que se disponía dejar el país el primero de mayo de 2021. Con la intención de restablecer el gobierno anterior y trazar nuevas rutas de desarrollo político que favorecieran al bienestar social, disminuyera la violencia y se lograra un alto total al fuego.


Teniendo como resultados de esta decisión, el grupo talibán ganara terreno en la toma de ciudades cercanas a la capital a principios de este año, por la deserción del ejército americano y la corrupción por parte de las fuerzas de seguridad afganas. Causando miedo entre los pobladores debido que, durante el régimen talibán anterior, que abarco de 1996 a 2001, los índices de violencia y la segregación femenina marcaron la historia del país.


Tras el atentado al World Trade Center el 11 de septiembre del 2001, EE. UU. participo en la intervención de Afganistán con la Operación Libertad Duradera, con el propósito de castigar a los responsables de los ataques terroristas. Durante la intervención norteamericana se trató de rehabilitar el Estado fallido, encaminándolo a un modelo democrático occidental. Invirtiendo económicamente en el sistema de salud, instruyendo a las fuerzas armadas e incluyendo a las mujeres en roles sociales que no eran aceptados por el grupo insurgente talibán, otorgándoles el derecho a la educación, la libre expresión y a la participación social activa.


Foto: agencia AFP, Wakil Kohsar.


Bajo el gobierno de Barack Obama, en 2014, se brindó capacitación militar a más de 300 mil soldados afganos, con la intención de hacer frente a un posible golpe de Estado, este adiestramiento se prolongó hasta el año 2021 y se pronosticaba, los talibanes podrían tomar el control en 90 días, rompiendo récord al posicionarse en la cabeza del poder en tan solo dos semanas.


Ante de la decisión de dejar al país asiático para terminar con la guerra, el actual presidente de los Estados Unidos de América, Joe Biden se pronunció:


La estadía de un régimen islámico extremista ha desatado una serie de abusos contra los derechos humanos de los grupos sociales con pensamientos que difieren a los impuestos, atentando contra la libertad de expresión y exponiendo un claro retroceso social.


Con la llegada del régimen, las mujeres afganas fueron las primeras en sufrir los estragos del nuevo modelo gubernamental. Al tomar Kabul, toda ciudadana que no estuviera involucrada en los servicios de salud pública y privada fue removida de su puesto, con la intención de proteger su integridad por los recientes actos de violencia.


De igual forma se impuso el uso del burka para el sexo femenino y se censuró el derecho a la educación, con la aplicación de estrategias que velen la moralidad religiosa. Los grupos mujeriles permanecerán separados de los masculinos y las materias impartidas serán controladas para evitar temas que atenten contra el grupo talibán.


La directora asociada de Human Rights Watch, Patricia Gossman ha sido la principal investigadora de la actividad bélica en Afganistán en la década de los 90s y señaló las causas del resurgimiento del autoritarismo islámico.


"Una visión crítica de la disonancia, el nepotismo, la corrupción desenfrenada y los fracasos del liderazgo que fueron las principales causas del colapso de la República y la toma del poder por parte de los talibanes".


En Afganistán, el ejercicio periodístico se ha convertido en una complicada tarea, después de que el 19 de septiembre se expusieran en conferencia de prensa las once reglas para los periodistas afganos por Qari Mohammad Yousuf Ahmadi, director interino del Centro Gubernamental de Medios de Comunicación e Información (GMIC).


Estas normas buscan no se distorsione la realidad por empresas periodísticas extranjeras, pero abre la puerta a la censura y la persecución política. Se basan en la Ley Nacional de Medios de Comunicación de Afganistán y procura no se viole la intimidad, insulte a figuras políticas y se expongan ideas contrarias al Islam.


La periodista Hasiba Atakpal en su cuenta de Twitter expresó.


“Tenía pocas expectativas tras la conferencia de Zabihullah Mujahid, pero ha quedado claro que existe una brecha entre los hechos y las palabras: fui a cubrir una noticia en Kabul, un talibán me quitó la cámara y su colega me golpeó y disparó al aire”


Aunque el grupo insurgente talibán muestra mayor flexibilidad a la de hace 20 años, requieren de una amplitud en temas de derechos, que logren todo un país vuelva a creer en el movimiento que exalta el origen de los pueblos de Asia central, con la inclusión social que exigen los tiempos modernos, buscando el bienestar y el desarrollo humano.


 
 
 

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